Yo La Tengo en Deseo - crónica de un recital que se sintió como volver a casa -

Subte línea B. Revuelta está Buenos Aires, llena de arcoiris y con la estación hasta las manos. Es primero de noviembre, son las 20:15 y nadie en este vagón sabe que hoy toca Yo La Tengo.
En medio del perreo, el orgullo y los disfraces, un puñado —aunque bastante grande— de indies treintañeros nos acercamos a Deseo, en Chacarita, a escuchar a la mejor banda del mundo.

Camino por Triunvirato con una latita de cerveza. Frente a Deseo se siente esa onda indie que pensé extinta hace años.
“Me vine de Mar del Plata por Yo La Tengo”, me cuenta un flaco que me paró para preguntar por algún bolichito donde comprar birra. Me trata como si fuera porteño:
—¿Vos que sos de acá, a qué hora decís que arrancan?
Le respondo que a las nueve y se pierde en la noche en su búsqueda.

La banda mañana toca en un festival, así que hoy deben tener pensado irse a dormir temprano. Son las 20:47 y ya empezaron a tocar.
El público de Yo La Tengo es inédito en Argentina: nadie se mueve mucho ni hace ruido, todxs vinimos a escuchar.

Tuve que contener las lágrimas mientras Georgia Hubley interpretaba Tom Courtenay, del disco Electr-O-Pura (1995), la primera canción de la noche, en una versión tan nostálgica que no extrañamos en absoluto la distorsión.
Aplausos, ovación, y luego, cada vez que empezaba una canción, el público se llamaba a un silencio hermoso: estábamos todxs haciendo terapia con Yo La Tengo.

Ira Kaplan cantó Griselda en una versión idéntica al Fakebook (1990), para darle paso al primer hit de la noche: Stockholm Syndrome, de I Can Hear the Heart Beating as One. La voz de James McNew encendió al público.
De pronto Ira empezó a elegir gente del público para que le tire canciones: de esas interacciones salió I’ll Be Around —y coincido totalmente con un loco que gritó “¡temazo!” por el (perdón) temazo del disco Fade (2013).

“Y hay alguien en la valla con corbata, así que le vamos a dejar que elija una canción”, dijo Ira. Era Autumn Sweater, adaptada al formato acústico: tardé en reconocerla.
Pero no nos iban a dejar sin una buena cucharada de distorsión y noise: Sugarcube, Double Dare y Stupid World, con Fito de El Príncipe Idiota, que hizo sonar su violín como una guitarra shoegaze.

A esta altura, contenerse ya no era una opción. El público empezó a corear “Olé, olá, Yo La Tengo es un sentimiento” cuando los de New Jersey abandonaron el escenario.
Se sintió como que, si no volvían, los íbamos a ir a buscar. Y eso se vio reflejado en las reacciones de la banda, que al volver tuvo que parar para reiniciar la icónica Tears Are in Your Eyes en la voz de Georgia, ovacionada entre risas por la presión del público que pedía al unísono You Can Have It All, con la que cerraron demostrando, una vez más, que una canción puede salvar el mundo.

Son las 22:30. Estoy saliendo de Deseo y me siento relajadísimo: como si hubiese ido a terapia y a una sesión de masajes al mismo tiempo; como cuando me fumé un porro por primera vez y lo disfruté; como si esta nota ya estuviese publicada y me pagaran un sueldo fijo, en blanco, por escribirla.

La frase “Y hay alguien en la valla con corbata...” fue tomada del registro publicado por el portal El Bondi sobre el concierto de Yo La Tengo en Buenos Aires.

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